En Casa Hacker, creemos que la labor de un educador también se construye en la relación con otros educadores. Cada profesional llega con sus experiencias, conocimientos y formas de conducir una actividad. Crear espacios para compartir esas experiencias es, para nosotros, una forma de fortalecer el trabajo del equipo y también de continuar formando a los educadores.
Por eso, realizamos reuniones en las que los educadores pueden conversar sobre lo que está sucediendo en los grupos, presentar actividades, compartir dificultades y contar lo que descubrieron durante las clases. No son solo momentos para organizar el trabajo. Son espacios para mirar aquello que hacemos y pensar sobre nuestra propia práctica.
En una de esas reuniones, por ejemplo, uno de los educadores presentó al grupo un componente de electrónica, explicando su funcionamiento y sus posibilidades de uso. En otro momento, una educadora contó cómo había conducido una clase de modelado e impresión 3D. También tuvimos una conversación sobre una clase de lenguaje de programación y sobre las decisiones tomadas para trabajar ese contenido con los estudiantes.
Cuando un educador comparte una experiencia, también necesita volver la mirada hacia aquello que hizo. Al contar cómo condujo una clase, comienza a percibir las decisiones que tomó, los caminos que funcionaron, las dificultades que aparecieron y aquello que podría haberse hecho de otra manera. La propia narración de la experiencia puede provocar una reflexión sobre la práctica.
Equipo de educadores de Casa Hacker
Es en este sentido que la idea de formación permanente de Paulo Freire nos ayuda a pensar este movimiento. Para el autor, el educador se forma continuamente en la práctica y en la reflexión sobre ella. No existe una separación rígida entre aprender y enseñar, entre teoría y práctica. El educador se va constituyendo precisamente en ese movimiento de hacer, reflexionar sobre lo que hizo y volver a la práctica de otra manera.
Pero esta reflexión no ocurre solo individualmente. Cuando otro educador escucha una experiencia, también pasa a mirar su propia práctica. Puede percibir que enfrenta una situación parecida, que tomaría una decisión diferente o que una estrategia utilizada por el colega puede ayudar a pensar en una nueva posibilidad. Al mismo tiempo, puede identificar que aquello que funcionó en un grupo no necesariamente funcionaría de la misma forma en otro.
El intercambio, entonces, no significa simplemente reproducir la actividad del otro. Significa poner diferentes experiencias en diálogo. ¿Qué es semejante? ¿Qué es diferente? ¿Por qué se tomó determinada decisión? ¿Qué podemos aprender de esta experiencia? ¿Qué otras posibilidades podemos construir?
Es precisamente en este diálogo donde teoría y práctica se van encontrando. La experiencia concreta trae cuestiones para ser pensadas, y los conocimientos que los educadores ya poseen ayudan a interpretar esas situaciones y a buscar nuevas formas de actuar. Después, estas nuevas ideas vuelven a la práctica y pueden ser experimentadas, modificadas y nuevamente discutidas.
Freire sintetiza esta comprensión al afirmar que “quien forma se forma y se reforma al formar” (FREIRE, 2011). Al formar, el educador también se transforma. Al enseñar, aprende. Y, al compartir su experiencia con otros educadores, puede encontrar nuevas formas de comprender aquello que ya hacía.
En Casa Hacker, es esto lo que buscamos construir en estos momentos de intercambio. Un educador presenta una actividad de electrónica, otro comparte una experiencia con impresión 3D, otro habla sobre programación. Pero lo que circula entre nosotros no son solo contenidos o herramientas. Circulan también preguntas, decisiones, dificultades, soluciones y diferentes maneras de comprender la labor educativa.
Este intercambio es especialmente importante en una propuesta como STEAM, que reúne diferentes conocimientos y formas de hacer. No esperamos que cada educador tenga todas las respuestas o domine por sí solo todas las posibilidades. La experiencia de uno puede ayudar al otro a pensar en una cuestión que apareció en su grupo, así como una dificultad compartida puede transformarse en una cuestión colectiva.
Entendemos, por lo tanto, que ningún educador produce su práctica a solas. Esta se construye en las experiencias cotidianas, pero también en las relaciones que establecemos con otros educadores. Al hablar sobre lo que hacemos, escuchar lo que el otro hace y reflexionar sobre esas experiencias, vamos ampliando nuestro repertorio y creando nuevas posibilidades para el trabajo.
Articular educadores STEAM es, en este sentido, también crear espacios para aprender unos de otros. Es comprender que la formación no ocurre solo en cursos o momentos específicos, sino también en el día a día, cuando paramos para conversar sobre lo que hacemos y pensamos juntos sobre lo que todavía podemos hacer.
Referencias
FREIRE, Paulo. A educação na cidade. São Paulo: Cortez, 1991.
FREIRE, Paulo. Pedagogia da autonomia: saberes necessários à prática educativa. São Paulo: Paz e Terra, 2011.
LIBÂNEO, José Carlos. Didática. São Paulo: Cortez, 1994.
